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viernes, 8 de enero de 2016

Kaizen


    Recientemente ha publicado el filósofo Fernando Savater un artículo sobre actualidad política titulado "Ni podemos, ni debemos" (pincha aquí) en el que recoge una cita de Odo Marquard que dice: "El prejuicio más fácil de cultivar, el más impermeable, el más apabullante, el prejuicio de uso múltiple, la suma de todos los prejuicios, es el que afirma que todo cambio lleva, con certeza, a la Salvación, y mientras más cambio haya, mejor" (por cierto, recomiendo la lectura del artículo pues, aunque no se esté de acuerdo con la tesis que defiende, da que pensar).
    Esa cita me ha recordado el concepto kaizen  (kai: cambio; zen: bueno; cambio para mejorar) que, aunque se emplea habitualmente en el mundo empresarial, pienso que tiene aplicación en el ámbito educativo, al menos entendido como el acuñador del término lo define: "mejoramiento continuo, pero mejoramiento todos los días, a cada momento, realizado por todos los empleados de la organización, en cualquier lugar de la empresa. Y que va de pequeñas mejoras incrementales a innovaciones drásticas y radicales" (Masaaki Imai, 2007).
    Pienso que el kaizen debería estar presente en el cambio de sistema educativo que nuevamente estamos padeciendo, con dirección aun incierta. Sería necesario que ese cambio respondiera a una preocupación por la mejora educativa y no a intereses políticos o económicos. Además, como el kaizen propone, este cambio debería contar con la participación de todos los implicados, tanto en el diseño como en la ejecución, y que no se imponga desde fuera del sistema por agentes ajenos al mismo. Y también sería aplicable la idea de combinar pequeñas mejoras e innovaciones con la perspectiva de un cambio radical del sistema que responda a las profundas transformaciones de la sociedad y cultural actual.
    El kaizen también puede tener aplicación en nuestro trabajo diario en el aula en el esfuerzo por una mejora continua en nuestras clases contando con la participación de todo el grupo. Para ello es imprescindible practicar una evaluación permanente de nuestra actividad docente, en la que hay que considerar no solo nuestra autoevaluación sino también la perspectiva del alumnado, mediante cuestionarios personales o dinámicas grupales que faciliten esa evaluación que faciliten esa evaluación. La mayoría de los manuales de dinámicas incluyen ejercicios de este tipo o que se pueden adaptar; incluyo aquí (al final del documento) dos muy amenas y productivas extraídas del libro "Técnicas de grupo" de J. P. Espada (editorial CCS), obra que recoge numerosas dinámicas muy aplicables y novedosas.      
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